Seguir a Cristo es dejar las comodidades atrás

Imagen del devocional: Seguir a Cristo es dejar las comodidades atrás

Lucas 9:57-58 (RVR1960)

Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza

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Y bien, hermanos, ¿qué nos habla la Palabra de Dios el día de hoy?

Cuando nuestro Señor Jesucristo se refería a estas dos personas que decían, o a esta persona que decía que le quería seguir, ciertamente el Señor le estaba dando a entender que para compartir el reino, hermanos, tenía que dejar las comodidades atrás.

Y muchas de las veces nosotros, más bien, sí lo hemos sabido o sabemos, porque somos lectores de la Palabra del Señor.

Y sabemos, hermanos, que para anunciar el reino de Dios hay que, muchas veces, desprendernos de algo, hermanos, que posiblemente sintamos nosotros satisfacción o comodidad.

Mira, leyendo la Palabra de Dios, pudiéramos decir que tenemos la teoría, pero nos falta la práctica, hermanos. Y en la práctica es donde a veces no estamos calificando acertadamente para con el Señor.

Porque nunca queremos dejar nuestra comodidad. No damos tiempo, no soltamos nuestro trabajo. Quienes tienen la posibilidad de hacerlo, muchas veces no lo hacemos.

No hacemos, hermanos, a un lado otro compromiso que ha salido, porque, pues, primero es aquel compromiso, el Señor que se espere. Y no es así, hermanos.

Ciertamente, más adelante, si le damos lectura a la Palabra del Señor, el Señor le dice al otro: “Deja todo eso, y ve y anuncia el reino de Dios”.

Y muchas veces, repito, no nos queremos soltar, no queremos apartarnos de aquello que nos causa comodidad, satisfacción.

Y no queremos ir a la sierra, y no queremos ir a compartir mientras está lloviendo, mientras el clima está con mucho viento, con mucho sol.

Y relativamente, hermanos, juntamos todo eso y nos damos cuenta, analizando conforme a la Palabra de Dios, analizamos, hermanos, que no deseamos malpasarnos.

¿Nos van a dar de comer? ¿Por allá qué nos van a hacer? Oye, donde vamos hace frío, donde vamos hace calor.

Pues mira, hermano, ¿quieres seguir a Cristo?

Porque si lo hemos confesado con nuestros labios y queremos seguir a Cristo, la respuesta la tenemos aquí.

Hay que soltar todas esas comodidades. Hay que hacer a un lado, hermano, todo aquello que inclusive, hermano, nos gana más para no salir a compartir el reino de Dios.

Decimos: “No, pues finalmente hay quien lo haga”. Y sí, y se viene compartiendo.

Pero te digo algo: cuando tú realmente, con tus labios, confiesas que quieres seguir al Señor, y que esa emoción, ese gozo que tú tuviste en tu corazón quisieras que alguien más lo tuviera o lo sintiera, en ese momento, hermano, dejas todo atrás.

Y siempre se nos ha comentado en la iglesia, cuando vivimos ese primer amor, de verdad queríamos que todos sintieran lo que nosotros sentíamos.

Ese amor, esa pasión, ese gozo, el saber que éramos libres, el saber que éramos salvos, el poder tener ese consuelo en ese momento de duelo en nuestro corazón.

Y quisiéramos que todos lo sintieran.

Pero empieza a haber un enfriamiento, hermanos, porque cuando tuvimos ese primer amor, ese primer encuentro, lo dábamos todo.

Y yo me cuento, hermanos, yo me cuento entre ellos.

Pero ahora no queremos soltar nada.

Ni aun así tuviéramos que poner algo de economía para salir a compartir, a veces hasta eso pesa.

Cuando el Señor es el que da y provee, hasta en el tiempo para poder ir a anunciar el reino de Dios.

Las comodidades, hermanos, hoy en día nos abrazan y no nos sueltan. O no las soltamos, más bien, nosotros a ellas.

Les damos prioridad antes que a las cosas de Dios.

Y analizando conforme a la Palabra de Dios, hermanos, la perícopa a un inicio dice: “Los que quieran seguir a Jesús”.

Esto lo hemos dicho: el aceptar a Cristo en tu corazón, el meterte a esta milicia, hermanos, es de valientes.

Hombres y mujeres que están al pie del cañón, hermanos, de verdad han sido ejemplo para muchos de nosotros y principalmente nuestro Señor Jesucristo.

Que siendo Dios, siendo Rey, se bajó a ser un humano para enseñarnos, hermanos, con humildad, cómo debe compartirse y cómo ganar almas y cómo estar trabajando para el reino del Señor.

Para pensar

Analicemos esta palabra, hermanos, y que Dios nos ayude, de verdad, a reflexionar y saber que es menester primeramente agradar a Dios antes que al hombre y a nosotros mismos. Hay que primero, hermanos, gozarnos en la presencia del Señor.

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