Oseas 4:6 (RVR1960)
Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová. Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos
Hermanos, es interesante que, de manera general, lo que encontramos en este pasaje es, de cierta forma, tres cosas.
Primero, cómo debe ser nuestra relación con Dios; el conocimiento que debemos tener de las cosas espirituales; y también las consecuencias en la vida de aquel que decide rechazar o desechar lo que nos sostiene como hijos de Dios.
Específicamente, de lo que habla este pasaje: desechar el conocimiento.
¿El conocimiento de qué, hermanos? El conocimiento de su carácter, el conocimiento de sus mandamientos, de su amor y de su verdad.
Porque eso es lo que nos sostiene, hermanos. Repito, eso es lo que nos mantiene firmes.
Desafortunadamente, hermanos, el sufrimiento, el padecimiento en la vida del hijo de Dios, muchas veces no viene de afuera, sino que es el resultado, hermanos, de un vacío espiritual donde se ha menospreciado la bendita Palabra de Dios, donde se ha descuidado esa relación personal con el Dios Todopoderoso.
Cuando, como iglesia, carecemos del conocimiento de Dios y de su Palabra, nos convertimos en un pueblo que quedamos expuestos a filosofías, a enseñanzas que, sobre todo, lo que hacen es engañarnos fácilmente, hermanos, desviarnos de esa vida que al Señor le agrada.
¿Y cuál es la vida que al Señor le agrada? Es una vida de fe, una vida de confianza total en nuestro Dios.
Por ejemplo, hermanos, es interesante lo que el apóstol Pablo le dice a la iglesia en Éfeso: que debemos llegar a la unidad de la fe, dice, y al conocimiento del Hijo de Dios.
¿Y por qué dice eso Pablo? Porque dice en el siguiente versículo: “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina”.
Y, hermanos, tristemente eso podemos decir que es lo que se vive hoy en día en muchas iglesias de Jesucristo.
Andan buscando algo nuevo, andan buscando algo diferente.
¿Por qué? Porque no hay ese conocimiento de la Palabra de Dios, no hay ese conocimiento de lo que Dios quiere para cada uno de nosotros.
Es decir, hermanos, saber que el Señor nos quiere tener en un solo lugar. El Señor nos quiere sirviéndole, y que no solamente sirviéndole, que le sirvamos con todo nuestro corazón, que podamos crecer día con día, que no sigamos al hombre, hermanos, que le sirvamos al Señor.
Porque, fíjense, volviendo a esta palabra de Oseas, es interesante que habla de desechar el conocimiento.
Y es así como el pueblo de Israel tenía acceso a la Palabra y a la enseñanza, hermanos, de la misma manera nosotros, como iglesia, tenemos la gran bendición de contar con la Palabra de Dios.
Esto significa que, como iglesia, no debemos ignorarla, no debemos menospreciarla.
¿Por qué? Porque teniendo la Palabra de Dios, eso nos lleva a entender que no es por falta de enseñanza o no es porque no haya los medios para que nosotros podamos accesar a ese conocimiento, sino que es un rechazo deliberado de ese conocimiento.
A veces, hermanos, a veces decidimos nosotros mismos ignorar la Palabra.
¿Por qué? Porque esta exige obediencia, esta exige compromiso y exige un cambio en nuestra manera de vivir. Y eso es a veces lo que nos impide comprometernos con Dios.
Y finalmente, hermanos, esta palabra debemos tomarla como un llamado de atención a no descuidar nuestra comunión con Dios ni el estudio de su Palabra.
Hermanos, adquirir cada día el conocimiento, ese conocimiento de nuestro Señor.
¿Por qué? Porque cuando tenemos el conocimiento, hermanos, el conocimiento de las cosas espirituales, eso nos preserva como iglesia, eso nos ayuda a vivir en integridad delante de nuestro Señor.
Hermanos, toda la enseñanza de las Escrituras debe ser atractiva o atrayente para cada uno de nosotros. Debemos de vivir con eso, hermanos, que es algo que nos hace crecer, que nos forma.
Saber, hermanos, que solamente el conocimiento que nos da la Palabra es lo que nos da, o lo que da luz a nuestra vida.
Para pensar
La Palabra de Dios dirige nuestros pasos y, en consecuencia, hermanos, todo lo que hacemos agrada a nuestro Señor. Que al final del día eso es lo que debe haber en nuestra mente y en nuestro corazón: agradar a nuestro Señor, hacer su voluntad en todo momento


Deja un comentario