Filipenses 2, versículos 12 y 13
Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no solamente cuando estoy presente, sino mucho más ahora que estoy ausente, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en nosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad
Cuando la palabra de Dios dice que nuestra obediencia debe de ser en las dos áreas, fíjese que cuando nosotros percibimos a Dios ausente, no presente, por decirlo así, pudiéramos meternos en nuestra mente inclusive la idea de que Dios no existe.
El hecho de que no lo veamos, el hecho de que no lo sintamos, el hecho de que no lo percibamos de manera real, visible, nos puede llevar a claudicar o nos puede llevar a la incredulidad de una manera muy rápida.
Por eso el apóstol Pablo dice: si ustedes me ven, o sea, en mi presencia fueron obedientes, pero en mi ausencia, aunque yo no esté, yo sé que siguen siendo obedientes.
Y en esa parte dice: “Ocúpense en vuestra salvación”.
La salvación no depende si vemos o no vemos, sentimos o no sentimos.
A veces pensamos que por repetir una frase ya, ya somos salvos; ya repetimos que Jesucristo es… y creo en el Señor y reconozco que Él dio su vida por mí, y dicen: “Ya eres salvo”.
Hermanos, ese es el principio de algo.
Efectivamente, la salvación es por gracia, pero cuando la Biblia dice: “Ocupaos en vuestra salvación”, no está hablando del perder o no perderla. Habla de un estilo de vida diferente que nosotros debemos siempre estar perseverando en ese estilo de vida.
El ocuparse en nuestra salvación quiere decir: debemos de estar atentos en el estilo de vida que llevamos.
Porque, vuelvo a repetir, porque en el trayecto de nuestra vida cristiana tenemos el riesgo, y muchos de nosotros hemos caído en esa artimaña del diablo.
Creemos, o tenemos el riesgo de caer, caer en un conformismo, en una cuestión que pensamos que la salvación es algo terrenal, y la salvación es algo espiritual, es algo que no es de este mundo.
Es algo a la que vamos a enfrentar usted y yo cuando dejemos de vivir aquí en esta tierra.
El ocuparnos en nuestra salvación, vuelvo a repetir, es seguir perseverando en lo que hemos aprendido, seguir perseverando en lo que estamos convencidos.
Y muchos de nosotros, al paso del tiempo, ya no estamos convencidos de muchas cosas.
Hubo algo en nuestro caminar cristiano que nos movió y empezamos a crearnos fortalezas mentales donde yo puedo seguir viviendo de manera diferente sin afectar la parte espiritual de mi salvación.
La salvación nos lleva siempre a perseverar en lo que aprendimos. Nos lleva siempre a vivir conforme Dios quiere que vivamos, a obedecer la palabra de Dios escrita.
Y cuando dice la palabra de Dios: “Porque Dios es el que en nosotros produce el querer como el hacer, por su buena voluntad”, hermanos, Dios siempre va a estar, por medio del Espíritu Santo, moviendo nuestra mente.
“Haz esto, haz esto”.
Acuérdense que el Espíritu Santo es el que nos redarguye de pecado. El Espíritu Santo es el que nos va a flashear cuando, cuando usted y yo hagamos las cosas mal.
Y si eso no pasa en su vida, entonces su conciencia está cauterizada.
Por eso entender que Dios pone en nosotros el querer, pero también el hacer.
El problema es que dejamos de percibir la presencia de Dios por medio del Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo está contristado.
Hermanos, tengamos cuidado.
El tema de la salvación es un conflicto doctrinal de debate, pero no debería de ser así.
Simple y sencillamente, la salvación y el ocupar nuestra salvación, o ocuparnos de nuestra salvación, es siempre estar atentos al estilo de vida que Dios ya nos marcó desde el momento en que venimos a Cristo.
Y si usted vino a Cristo y no tuvo un impacto espiritual en su estilo de vida, lamento decirle que entonces no hubo una verdadera aceptación a Jesucristo, un verdadero arrepentimiento.
Pero yo sé que sí.
Lo que pasa es de que tal vez hemos descuidado nuestra vida cristiana y hoy no estamos en el mismo nivel en el que empezamos, y no hemos ido en aumento, sino al contrario, hemos estado a la mitad o peor, ahora vamos en decadencia.
Los invito, mis hermanos, a que reflexionemos esa parte.
Para pensar
El cuidar nuestra salvación con temor y temblor es perseverar en el estilo de vida que Dios nos ha marcado.


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