Las promesas de Dios

Promesas de Dios1 Reyes 8:56

Bendito sea Jehová, que ha dado paz a su pueblo Israel, conforme a todo lo que él había dicho; ninguna palabra de todas sus promesas que expresó por Moisés su siervo, ha faltado.

 

2 Corintios 1:20

porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.

 

Las promesas de Dios son inquebrantables, y es que en la palabra de Dios encontramos más de 3500 promesas, la pregunta es ¿Cuántas de ellas conocemos? A lo mejor en estos momentos estas tratando de recordar alguna y a lo mejor algunas de ellas las conocemos a medias y las ejecutamos a medias.

Recuerdo que estuvo muy sonado un proverbio del mundo de origen griego que le atribuyeron a Jesucristo “ayúdate que yo te ayudaré” donde muchos lo tomaban como una “promesa” pero mal fundamentada donde lo tomaban como una clase de positivismo.

Las promesas de Dios van más allá de solo ser una palabra positiva porque van acompañadas de condicionantes, de un pequeño pacto, de compromisos entre sus hijos y el, entre su pueblo y el pero al momento de querer hacer viva una promesa de Dios solo nos enfocamos en lo que el promete pero no en lo que nos compromete.

Ejemplo de ello “Hechos 16:31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” Nos enfocamos en el resultado -el ser salvo- pero la condicionante es creer y es ahí donde no dimensionamos que es “el creer en el Señor Jesucristo” porqué también los demonios creen y tiemblan (St. 2:19).

Por ello el conocer cada una de las promesas de Dios nos compromete más con él.

Hay promesas para todo tipo de situación, pero también las hay, por así decirlo, universales como por ejemplo: Mateo 5:45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.

Para pensar:

Cada que tratemos de hacer nuestra una promesa de Dios debemos deber si hemos o no cumplido con nuestra parte Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. (2 Corintios 7:1)

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