21 agosto (Nuestro Pan Diario) Promesas, promesas

LECTURA: Génesis 12:1-4; 21:1-7

 

Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho.

—Génesis 21:2

 

Cuando la gente dice suspirando: «Promesas, promesas», suele ser porque se ha desilusionado de alguien que no cumplió con su palabra. Cuanto más sucede esto, mayor es la tristeza y más profundo el suspiro.

¿Alguna vez te pareció que Dios no cumple Sus promesas? Con el tiempo, esta actitud puede instalarse de manera sutil.

Después que Dios le prometió a Abraham: «Haré de ti una nación grande» (Génesis 12:2), pasaron 25 años antes del nacimiento de su hijo Isaac (21:5). Durante ese período, Abraham cuestionó al Señor porque ese hijo no llegaba (15:2). Tal es así, que recurrió a ser padre a través de la sierva de su esposa (16:15).

De todos modos, en medio de esos altibajos, Dios continuaba recordándole que había prometido darle un hijo y, entre tanto, lo instaba a seguirlo fielmente y a creer en Él (17:1-2).

Cuando reclamamos alguna de las promesas que el Señor hace en la Biblia, ya sea de darnos paz mental, coraje o provisión para suplir nuestras necesidades, nos estamos colocando en Sus manos y ajustando a Sus plazos. Mientras esperamos, puede parecer que el Señor se ha olvidado de nosotros; sin embargo, la confianza se aferra a la realidad de que, cuando nos apoyamos en Sus promesas, Él permanece fiel. La seguridad está en nuestro corazón, y el tiempo, en Sus manos.

Todas las promesas de Dios están respaldadas por Su sabiduría, por Su amor y por Su poder.

 

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