17 julio (Nuestro Andar Diario 2) Sociedad de la tercera edad

 

1 No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos;

2 a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.

3 Honra a las viudas que en verdad lo son.

4 Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios.

5 Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día.

6 Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta.

7 Manda también estas cosas, para que sean irreprensibles;

8 porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.

1 Timoteo 5:1-8

 

Echémosle una mirada a un trecho del camino. ¿Ves esa señal más adelante? Sí, la que dice 2025. Cuando los ciudadanos de los EE.UU. lleguen a ese indicador, los que nacieron inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial celebrarán su cumpleaños número 79, y los miembros de la generación X estarán a unos cuantos años de aprovechar los beneficios de la seguridad social.

 

Según un estudio publicado en la revista American Demographics, la edad será lo que principalmente cuente cuando se dé un cambio demográfico de gran envergadura en los EE.UU. durante las dos décadas siguientes. Para el 2025, se tiene proyectado que cerca de uno de cada cuatro ciudadanos tendrá 60 años de edad o más. Hoy, esa proporción es de uno de cada seis ciudadanos.

 

Nos estamos dirigiendo hacia una sociedad de personas de la tercera edad, la edad de los años dorados. Esperemos que este grupo prominente de la población envejezca con gracia, y que el grupo de los más jóvenes los trate con respeto.

 

A mí me enseñaron a respetar a los ancianos. Crecer con dos abuelas y una tía abuela que vivía en la casa de al lado me ayudó a aprender a amar y a apreciar a las personas mayores. Y mis padres fueron un ejemplo para mí en cuanto a la paciencia y atención que merecen los ciudadanos veteranos.

 

Ese es el tipo de comportamiento respetuoso que hizo que Eliú esperara su turno para hablar a Job. El joven esperó a que los demás dieran sus discursos porque «eran de más edad que él» (Job 32:4).

 

En el Nuevo Testamento, Pablo escribió estas palabras: «No reprendas con dureza al anciano, sino, más bien, exhórtalo como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos, a las ancianas, como a madres; a las más jóvenes, como a hermanas, con toda pureza» (1 Timoteo 5:1-2). Él enfatiza que a los hombres mayores se les debe tratar con gentileza y amabilidad, como a un padre, y a las mujeres mayores se las debe tratar amorosamente, como a madres.

 

Imitando el ejemplo de Eliú, es importante que respetemos a los que son mayores que nosotros. Eliú y Pablo ayudan a definir el deseo de Dios de que amemos y respetemos tiernamente a aquellos que están un poquito más allá en el camino de la vida.

 

En resumidas cuentas: ama a los ancianos como si fueran de tu propia familia.

 

Destino

¿De qué manera he estado mostrando respeto o falta de respeto hacia los ciudadanos de la tercera edad? • ¿ De qué manera mi relación con Dios se ve afectada por mi comportamiento hacia las personas mayores?

 

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